Asamblea Universitaria Ordinaria 2025

HISTORIAS QUE INSPIRAN

“Escribir poesía en estos tiempos es una forma de locura, un acto de atrevimiento”

Entrevista a Leoncio Taipe Javier, quien a los 61 años ha publicado su primer poemario, Memorias del cactus, donde, según su colega y también escritor Sario Chamorro Balvín, se “testimonia la comprensión de la naturaleza, la sociedad y la vida en tiempos líquidos, tecnológicos y de hiperconectividad”.

Leoncio Taipe Javier (Churcampa, Huancavelica, 1964), docente de Lingüística y Literatura en la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP), ha publicado su primer poemario Memorias del cactus, un retorno a sus orígenes, donde recupera voces, paisajes y sensibilidades que, según afirma, han perdido visibilidad en el contexto contemporáneo marcado por el avance de la tecnología.

Aunque reconoce en su escritura un fuerte vínculo telúrico, Leoncio Taipe Javier no se define estrictamente como poeta, sino como alguien que escribe para comprender la vida y despertar sensibilidad.

En la siguiente entrevista, el autor señala que Memorias del cactus, editado por Ramada del Búho Editores, surgió tras un largo proceso de revisión y maduración. La obra, publicada a los 61 años, rescata su memoria personal y colectiva del mundo andino donde trascurrió parte de su infancia y pubertad, y en el que el cactus se convierte en símbolo de resistencia y permanencia frente a la adversidad.

¿Por qué escribe Leoncio Taipe Javier?

Escribo para entender la vida, el mundo, la sociedad en sus diferentes dimensiones. El ser humano, como ente complejo, está inherentemente vinculado a diversas situaciones de la realidad. A través de la escritura, procuro rescatar esas facetas humanas: las de carácter histórico, comunicativo, lingüístico y social.

Soy consciente de que existen espacios y voces que han sido olvidados dentro de nuestra sociedad. Por eso escribo, para recuperar esas voces marginadas y otorgarles un sitial a través de la poesía. Ese es, fundamentalmente, mi propósito al escribir.

¿Dónde buscas, dónde encuentras la poesía?

En mis raíces. La poesía que he reunido en Memorias del Cactus constituye un retorno a ellas. Al reencontrarme con mis raíces, busco dar voz a múltiples elementos de la naturaleza, el pasado y de la vida en comunidad, especialmente de los pueblos más alejados del país, donde transcurrió gran parte de mi infancia y pubertad. Mi propósito es recuperar, a través de la poesía, esos ámbitos y otorgarles una voz en el mundo contemporáneo, donde parecen haber perdido relevancia frente al auge de la tecnología.

¿Para quién escribe, para sí mismo o para los otros?

Escribo para los demás, ante todo, porque en mi escritura recupero sus voces. Pero en esas voces también estoy yo, un yo que no es individual, sino profundamente social.

Se trata de una forma de recoger y dignificar las voces de los demás, las voces olvidadas, de otorgarles un lugar y permitir que encuentren eco en este mundo marginante que, cada día, caracteriza más a nuestra sociedad.

¿Cree que la poesía nace del dolor, la nostalgia o también puede surgir de la alegría, el gozo, el éxtasis? ¿Desde dónde escribe Leoncio Taipe Javier?

La poesía nace de la vida, de las experiencias en ella y con los demás. Estas pueden ser amorosas o dolorosas. Así, la poesía se convierte en una herramienta para hablar tanto de las desgracias como de las esperanzas de la humanidad.

En ese sentido, escribo para ofrecer esperanza. El lenguaje poético que utilizo posee un alto sentido de sensibilidad humana.

Vista panorámica de Churcampa, provincia de origen de Leoncio Taipe Javier.

¿Se considera un poeta telúrico?

No me considero aún poeta. En realidad, escribo para comprender la vida y para despertar sensibilidad en las personas. En un tiempo en que la deshumanización parece acentuarse, quizá por la influencia de la tecnología, mi escritura busca precisamente lo contrario: humanizar.

En ese hecho, es cierto que hay un alto sentido telúrico, porque forma parte de lo que caracteriza a nuestros pueblos y a nuestra cultura. De manera implícita, ese eco de la tierra está siempre presente, pues busco profundidad en aquello que parece sencillo, pero que, en el fondo, contiene la esencia de la vida humana.

¿A qué le teme como escritor o como persona?

No temo a nadie ni a nada. Al contrario, escribir poesía en estos tiempos es una forma de locura, un acto de atrevimiento. Hoy predomina la narrativa —el cuento, la novela—, mientras que la poesía parece estar quedando relegada. Por eso, para mí, escribirla es un desafío, pero un desafío necesario y valioso porque se trata de recuperar el lenguaje poético para sensibilizar la vida humana.

En ese sentido, no hay temor, sino compromiso. Un compromiso con la poesía, con la vida, con la sociedad y con la conciencia ecológica, tan necesaria en estas sociedades posmodernas que habitamos.

Arguedas lo salvó de la alienación cuando usted migró a la ciudad. ¿Cómo se salvan quienes no cuentan con ese tipo de referentes? ¿Es posible migrar sin extraviar el alma?

Sí, mencioné a José María Arguedas y ese testimonio es sincero. Cuando muchas personas migran a las grandes ciudades, suelen dejar atrás sus raíces, su pasado y sus ancestros. Algo de eso también me ocurrió. Sin embargo, algunas lecturas que fui descubriendo en Arguedas me ayudaron a reencontrarme con mi identidad.

Hoy en día, este fenómeno continúa y, en muchos casos, adopta formas de alienación. Quienes migran desde zonas rurales o pueblos alejados hacia la gran urbe tienden a desconectarse de sus orígenes, pues son rápidamente absorbidos por las dinámicas de la cultura urbana.

Creo que esto necesita ser replanteado, no solo a partir de Arguedas, sino también desde muchas otras lecturas de nuestra literatura regional, nacional e incluso latinoamericana. En ese sentido, la literatura se convierte en una herramienta fundamental para construir una identidad sólida de nuestra cultura, de nuestra nación.

¿Memorias del cactus, es tu primer poemario, no le parece demasiado tarde a los 61 años?

Durante mucho tiempo sentí cierto temor, no por las críticas o cuestionamientos del público, sino porque consideraba que los textos aún no estaban lo suficientemente trabajados. Publicarlos con deficiencias no me parecía adecuado. Por eso continué revisando, corrigiendo y puliendo.

En ese proceso, el tiempo avanzó hasta que me atreví a dar el paso. Aunque la publicación haya sido tardía, siento que ha ido alcanzando cierto reconocimiento, lo cual me resulta profundamente gratificante y me impulsa a seguir escribiendo.

Ahora continúo trabajando en un nuevo poemario que, con suerte, verá la luz este año. He comprendido la poesía como un esfuerzo constante, un ejercicio que exige paciencia y refinamiento. Tal vez por eso demoré tanto en publicar Memorias del Cactus.

Y a la hora de sembrar primavera,

donde la bruma a veces empantana,

no dejes de empuñar tu fortaleza.

¿Me oíste, cactus de mis entrañas?

El silencio no puede atravesarnos,

si tenemos voces de viento y de río.

(Del poema Memorias del cactus)

Con respecto al título Memorias del cactus, ¿qué lo llevó a elegirlo? ¿Cómo surgió?

Surgió a partir de mi propia vivencia. Crecí en una zona rural bastante alejada del país, en un pequeño centro poblado de la provincia de Churcampa . Allí, el cactus, el molle, el río y la naturaleza en general formaban parte de mi vida cotidiana; convivía con ellos. En esos pasajes de mi niñez, contemplaba con asombro la belleza de las flores del cactus, incluso en parajes inhóspitos.

Con el tiempo, ya en mi vida universitaria y luego en mi ejercicio profesional, empecé a reflexionar sobre el significado de esas imágenes. Así, el cactus terminó por convertirse en un símbolo: la vida misma, la persistencia, la capacidad de resistir frente a las adversidades.

De ahí nace el título Memorias del Cactus. En esencia, representa el deseo de luchar por la vida a pesar de todos los obstáculos que puedan surgir en la sociedad.

¿Cómo fue su formación poética?

Mis primeras lecturas fueron de Juan Ramón Jiménez, Walt Whitman y, por supuesto, César Vallejo. De hecho, algunas secciones de Memorias del Cactus dialogan con estos autores. Ese interés por la poesía nació desde mi etapa escolar y continuó en la vida universitaria, donde fui madurando, escribiendo, aunque sin atreverme a publicar.

Estas lecturas han ido fortaleciendo mi visión poética. En el caso peruano, Vallejo me marcó profundamente por la hondura de sus versos. Después de él, Manuel Scorza también influyó en mi manera de concebir la poesía, por la profundidad y compromiso de su obra.

A partir de ello, entiendo que escribir poesía implica asumir un compromiso. En mi caso, procuro que sea un compromiso comunitario, colectivo y reivindicativo. Yo considero que la poesía cumple esa función.

¿Es posible hacer poesía en estos tiempos?

Es posible, pero es importante hacer una distinción. Hoy, con la tecnología y la inteligencia artificial, se pueden generar distintos estilos poéticos. Sin embargo, muchas de estas producciones, al estar mediadas por el dominio tecnológico, tienden a carecer de emoción, de sentimiento y de vivencia.

La poesía se diferencia de la narrativa por la hondura de su carga emocional. Así, al margen del avance de las tecnologías, considero que sigue siendo posible construir una poesía profundamente vivencial y significativa, sin perder la esencia misma del trabajo poético.

¿Actualmente en qué proyecto literario estás trabajando?

Estoy trabajando en mi segundo libro, que tengo la intención de publicar, y que lleva por título Piedra Rodante. Lo estoy desarrollando con bastante intensidad.

De forma paralela, vengo realizando algunos talleres breves con estudiantes de mi carrera profesional, y también trabajo junto a escritores ya reconocidos, a quienes consulto sobre cómo mejorar el trabajo poético y cómo articular esta realidad tecnológica con los estudiantes, tanto de educación básica como universitaria.

En ese sentido, como mencionaba antes, quizá sea un proceso un poco tardío, pero estoy procurando asumir el trabajo poético con mucha intensidad, con la esperanza de que tanto las experiencias con los estudiantes como la elaboración de mi segundo libro den buenos resultados.

 


FICHA BIOGRÁFICA:

  • Ha publicado libros y artículos de ensayo, tales como Método y técnicas de estudio universitario (2013), Semiótica del silencio (2016), Diálogo intercultural: una perspectiva crítica (2019), Los caminos del aprendizaje y La formación docente (2020), entre otros.
  • Es magíster en Educación de la Creatividad por la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Enrique José Varona” de La Habana (Cuba) y magíster en Lingüística Quechua y Educación Intercultural por la Universidad Nacional de Huancavelica. Asimismo, es doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP).
  • Ha sido ganador de los Juegos Florales Universitarios Macro Región Centro Peruana 2021, Bicentenario de la Independencia del Perú, en la categoría poesía, con su poemario Piedra rodante, organizado por la UNCP.

 

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JOHN CHRISTIAN SANTIVAÑEZ HUATUCO

Escritor, blogger & copywriter

Soy un profesional auto motivado, divergente y con ambiciones poco ortodoxas. Mi prosa es catalogada como audaz, divertida en muchas ocasiones y sobre todo edificante, es por ello que me honra ser publicado en distintos medios tanto impresos como digitales. Como son el Diario Correo, Fulgor de Espigas en el Diario Primicia, Revista Bitácora, Revista Gazeta, Diario La voz, el magazine Zankyou de España, el Proyecto “Para Quitarse el Sombrero” de la Fundación Romero, entre otros. Actualmente he presentado a la sociedad el libro «Inmunes al Miedo», patrocinado por el Colegio Médico del Perú y soy autor del proyecto «EGRESADOS QUE INSPIRAN» en la Universidad Nacional del Centro del Perú que hoy es acogido por diversas instituciones formativas y estoy muy agradecido por ello.