HISTORIAS QUE INSPIRAN
La lectura como arma para formar humanos y no autómatas
Docente egresado de la UNCP busca que sus estudiantes dejen de ser simples espectadores; su meta es forjar mentes audaces que tengan la valentía de reconocer sus fallas y la sabiduría para mirar la realidad desde una sensibilidad profunda y radical.
“En un mundo de plástico y ruido. Quiero ser de barro y de silencio” Eduardo Galeano. Para Jonathan Ramon Reynoso, la lectura es, al igual que para Galeano, ese retorno al barro y al silencio; una herramienta vital para que las nuevas generaciones comprendan que el acto de leer nos otorga una mirada mucho más profunda y sensata. En su visión, los libros no solo nos alejan del ruido superficial, sino que nos brindan la claridad necesaria para reconocer nuestros propios errores y evolucionar desde la autocrítica.
Egresado de la Facultad de Educación de la Escuela Profesional de Español y Literatura, Jonathan construyó su amor por la enseñanza y la lectura desde muy pequeño. Su historia comenzó en la Capital Minera, Cerro de Pasco, migrando posteriormente a Concepción, donde los juegos de trompos y canicas con los amigos de barrio se mezclaban con el calor de una familia muy unida. Aunque de niño sentía cierta nostalgia al no destacar académicamente como sus hermanos, encontró su propio refugio en las leyendas de misterio que le narraba su abuela y en una pequeña biblioteca que descubrió en casa. Fue allí, entre los versos de Bécquer y el impacto de su primera exposición escolar sobre Máximo Gorki, donde Jonathan entendió que su destino no era solo leer, sino transformar esa pasión en su vocación de vida.

Como la mayoría de jóvenes del Valle del Mantaro, su deseo de continuar sus estudios estaba íntimamente vinculado a la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP). Influenciado por el firme consejo de su madre, quien veía en la universidad el objetivo máximo para sus hijos, Jonathan encontró en la Facultad de Educación el espacio ideal para transformar su talento secreto de escribir poemas de amor y desamor en una profesión. Allí, entre los pasillos de su alma mater, descubrió que la universidad era sinónimo de orgullo y humildad. Guiado por maestros como Arturo Concepción y Augusto Matamoros, quienes lo marcaron con lecturas que le despertaban emoción e intriga, Jonathan forjó una visión de superación constante. Fue en esta etapa donde autores como Sábato, García Márquez y Oscar Colchado dejaron de ser sólo nombres en una portada para convertirse en sus referentes imprescindibles, dándole la seguridad necesaria para enfrentar los retos del mundo profesional con la esencia de un verdadero humanista.
Así fue que entre 2023 y 2025 obtuvo importantes reconocimientos en certámenes provinciales y regionales organizados por el Ministerio de Educación, destacando en declamación, poesía, fotografía, lectura literaria, discurso y debate. Sin embargo, para Jonathan estos trofeos no son solo medallas, sino la prueba de que el miedo se derrota con seguridad. Él cree firmemente que su rol como educador es ser un puente para fomentar la lectura desde lo más sencillo hasta lo imprescindible, demostrando que los libros son la solución a los retos del hombre. Su misión es clara, él busca que sus alumnos no sean autómatas de un sistema frío, sino personas con un pensamiento crítico capaz de reconocer sus propios errores y mirar el mundo con profundidad.

Esta historia nos demuestra que los más grandes profesionales de éxito se encuentran en cualquier rincón de nuestro bello Valle del Mantaro, y que solo hace falta el impulso de una universidad de calidad, con docentes de vocación, para desarrollar y mostrar el talento que a veces se mantiene oculto. Jonathan es el ejemplo perfecto de esta metamorfosis, aquel niño que escuchaba con anhelo las leyendas de su abuela, se convirtió, gracias al puente de su alma mater, en un docente que hoy inspira.
Su trayectoria nos dice que la excelencia no es un destino, sino un camino de preparación constante. Por ello, su mensaje para quienes hoy recorren las aulas de Educación es un llamado a la acción:
“Que aprovechen los años de su juventud para continuar con sus estudios con el fin de ayudar a toda la humanidad para poder entendernos y lograr el bienestar entre nosotros que nos hace tanta falta”.
Jonathan los insta a dominar la poesía, el teatro y la oratoria no solo como técnicas, sino como la vía para ser guías reales que demuestren, con el ejemplo, que la literatura y la gramática son las herramientas que finalmente nos convierten en mejores personas y que, como él, contribuye a hacer de nuestro país un lugar mejor.

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