Asamblea Universitaria Ordinaria 2025

HISTORIAS QUE INSPIRAN

“Uno de los grandes desafíos culturales que enfrenta nuestro país es el racismo”

Egresado de la UNCP reflexiona sobre el racismo estructural que persiste en el país y cuestiona la discriminación hacia las comunidades andinas y amazónicas. Desde la antropología, plantea la necesidad de construir un Perú más inclusivo, capaz de reconocer la diversidad cultural como una fortaleza y no como un problema.

Ser hijo de comuneros le abrió las puertas de la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP), una experiencia que Yhon León-Chinchilla considera decisiva en su formación personal y profesional. “Estudiar en la UNCP fue muy significativo para mí porque conozco de sus orígenes comunales. Mi ingreso a esta universidad fue gracias a ser hijo de comuneros”, recuerda el antropólogo huancaíno, quien hoy dedica su trabajo a investigar la diversidad cultural y las desigualdades que atraviesan a las comunidades andinas y amazónicas del país.

En 2025 publicó, junto al investigador chileno Joaquín Molina, el artículo “Enfermedad, diagnóstico, tratamiento y cura: burilando hechicería en el valle del Mantaro” en el Boletín de Estudios Hispánicos de la Universidad de Liverpool (Inglaterra). Además, participó en la edición del libro conmemorativo “300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa”, una obra que recoge la memoria histórica, cultural y lingüística de uno de los complejos franciscanos más importantes de la región central.

Actualmente dirige el Centro de Investigación Lliu Yawar y su Fondo Editorial, desde donde impulsa proyectos de investigación, interculturalidad y gestión cultural. En esta entrevista, reflexiona sobre el racismo en el Perú, la discriminación que enfrentan los pueblos originarios y el papel de la antropología para comprender un país profundamente diverso, pero todavía marcado por profundas brechas sociales y culturales.

— ¿Qué es la antropología para usted?

Es una disciplina de las ciencias sociales que contribuye al desarrollo de los pueblos. Nos ayuda a reflexionar y pensar en la naturaleza compleja de nuestro país, especialmente su diversidad cultural. Esa diversidad, que en muchos momentos representa una oportunidad y una gran posibilidad de crecimiento, pero todavía sigue siendo un problema. En esa medida la antropología con su serie de teorías y metodologías nos ayuda a pensar en que podemos ser un país mejor.

— ¿Qué lo llevó a interesarse por la antropología?

Quise ahondar en la naturaleza compleja de las comunidades andinas de la sierra central y de las comunidades amazónicas que componen nuestra región.

Esa diversidad nos ayuda a entendernos como comunidad y como sociedad. Además, tenemos una riqueza cultural que, aunque en muchos momentos puede resultar compleja, es precisamente lo que nos hace únicos y diversos.

León-Chinchilla publicó en boletín de universidad inglesa artículo sobre un mate burilado de Cochas Chico.

— ¿Cuáles son los temas que más llaman su atención?

La antropología histórica, la antropología visual, la antropología amazónica y también la etnomedicina. Cada una de estas especialidades contribuye a comprender la diversidad cultural que compone nuestra región central, la cual, como sabemos, posee una fuerte herencia andina, pero también una importante presencia amazónica.

— ¿Cómo influye su propia biografía y lugar de origen en la forma en que interpreta las realidades que investiga?

Históricamente, la antropología se dedicaba al estudio del “otro”; pero en el caso de Huancayo, hacer antropología implica más bien estudiar al “nosotros”, y, como diría el antropólogo Carlos Iván Degregori, se trata de estudiar a un “nosotros” diverso.

Esa particularidad todavía se mantiene como una tradición en la antropología en el valle del Mantaro, sobre todo porque, al ser nosotros parte de comunidades campesinas, tenemos la ventaja de comprender la naturaleza de nuestras propias comunidades.

Es quizás en la zona amazónica donde sí encontramos al “otro”, al diferente. Es una ventaja que estas comunidades amazónicas estén muy cercanas a nosotros, pero al mismo tiempo muy alejadas culturalmente.

En esa medida, ser antropólogo de la Universidad del Centro, tiene muchas oportunidades.

— ¿Qué comunidades o territorios han marcado más su trabajo y por qué?

La selva central es la zona que me ha marcado como antropólogo, sobre todo las comunidades asháninkas. Ahí comprendí que las comunidades indígenas poseen una capacidad de organización sumamente compleja y, además, una gran capacidad de agencia política para decidir el rumbo y el destino de sus propios procesos de desarrollo.

En esa medida, es interesante e importante la labor que podemos desempeñar como antropólogos, no para imponer modelos de desarrollo, sino más bien para actuar como puentes e instrumentos que ayuden a los pueblos indígenas en la construcción de sus desarrollos complejos.

Hay muchos retos que nosotros tenemos, sobre todo comprender la visión que ellos tienen de comunidad, sociedad y del mundo. A pesar de la escasez de servicios básicos como educación y salud, las comunidades indígenas están al tanto de lo que ocurre no solo a nivel nacional, sino también a nivel mundial. Esto demuestra que no están desconectadas ni desvinculadas de los procesos contemporáneos.

Creo que tenemos mucho que aprender de la forma en que los pueblos indígenas comprenden la nación y el país. Y en esa medida, la labor de los antropólogos debe orientarse a servir y acompañara al proceso de desarrollo y a la visión que los pueblos indígenas tienen sobre si mismos y sobre nosotros.

Antropólogo egresado de la UNCP ha trabajado con comunidades nativas de la selva central.

— ¿Qué cambios ha observado en las comunidades con las que trabaja en los últimos años?

En los últimos tiempos, en las comunidades originarias de la selva central, he notado cambios respecto al uso de las tecnologías, principalmente para la defensa de su territorio.

Las comunidades originarias no tienen problemas en usar drones que les ayudan en la georreferenciación de su propio territorio. Eso contribuye a vivir en un ambiente seguro y sano, sobre todo en la zona VRAEM, que todavía es afectada por el narcotráfico, tráfico de madera, entre otras industrias ilegales.

— ¿Qué tensiones o desafíos culturales considera más urgentes hoy en el Perú?

Uno de los grandes desafíos culturales que enfrenta nuestro país es el racismo. Todavía consideramos a los pueblos originarios de la zona amazónica y andina como inferiores. Que no tienen educación y que, por lo tanto, necesitamos educarlos, que necesitamos implementar una serie de políticas para que puedan salir de la situación de salvajismo o barbarie en la que supuestamente viven, cuando en la práctica simplemente tienen formas diferentes de habitar y comprender el mundo. Más bien, lo que no tienen son acceso a derechos como educación, salud y seguridad.

Y en esa medida, el racismo todavía es un mal que nos ataca y, tristemente, vemos que los lugares donde se generan procesos de discriminación son espacios públicos, como escuelas, centros de salud o dependencias policiales. Es un reto grande, sobre todo para el Estado, que debe cambiar sus políticas y garantizar un trato más justo e inclusivo para todos los peruanos.

— ¿Qué le apasiona fuera de la antropología?

Las artes como la literatura, la música, la pintura y el teatro, son disciplinas que bajo el seudónimo de “Yarush Yurivilka” he estado desarrollando aquí en el valle del Mantaro y en la región central del país.

— ¿Qué autores o corrientes han influido más en su manera de pensar?

José María Arguedas, con la mirada compleja que tenía del Perú y, sobre todo, con ese concepto de transculturalidad que ayudaba a comprender cómo, por ejemplo, el poblador del valle del Mantaro no lograba despojarse de su tradición, sino que más bien incorporaba elementos provenientes de otras culturas y así hacía de esta cultura y de esta localidad espacios más resonantes.

— ¿Qué papel juegan los jóvenes en la continuidad o reinvención de las tradiciones que usted estudia?

La juventud representa una de los grupos más importantes que contribuyen al desarrollo de los pueblos y, en esa medida, también son la fuerza creadora y la fuerza que impulsa estos desarrollos.

Yhon León-Chinchilla participó en la edición del libro conmemorativo “300 años. Convento de Santa Rosa de Ocopa”.

— ¿Qué opina sobre las elecciones del 12 de abril?

Ha sido la más compleja que hemos tenido en este siglo, sobre todo por la cantidad de candidatos presidenciales. También ha sido una de las más interesantes porque hemos visto dentro de la lista de vicepresidentes a personas provenientes de pueblos originarios, lo cual constituye un buen síntoma para el país. Los pueblos originarios están comprendiendo, cada vez más, que sino a través de la política pueden contribuir a sus desarrollos.

Los resultados de la primera vuelta evidencian muchas tareas pendientes que tenemos como país, entre ellas el racismo. En la segunda vuelta no será nada sorpresivo que se continúen presentando actos de discriminación.

Ya hemos escuchado a muchos streamers y jóvenes expresar actitudes racistas y cuestionar el voto de las poblaciones rurales, principalmente de las zonas andinas y amazónicas.

No es casual que nuevamente estemos divididos como país entre representantes de la derecha y de la izquierda. Los resultados de la primera vuelta representan la indignación de las zonas rurales, que nos están diciendo que el país va más allá de la capital.

Tenemos que reflexionar mucho sobre esa configuración que tenemos como nación.


FICHA BIBLIOGRÁFICA

  • Se ha formado como editor mediante programas especializados en Latindex (México) y en la Asociación de Correctores de Estilo (Colombia).
  • En 2014, recibió la Distinción Honorífica por contribución al desarrollo Cultural de la Ciudad Incontrastable por la Municipalidad Provincial de Huancayo.
  • Fue director de Actividades Académicas y Culturales del Colegio Profesional de Antropólogos del Centro del Perú durante dos periodos.
  • En 2017, obtuvo el primer lugar de un concurso de ensayos, convocado por la Universidad Continental y la ONG Semilla.
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